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Mis aprendizajes creando un negocio con estructura



Hoy quiero traer a la mesa los aprendizajes que hasta ahora me ha dejado diseñar y vivir un negocio con estructura.


Y antes de entrar en ellos, me gustaría aterrizar qué significa realmente tener un negocio estructurado:

  • Procesos claros: formas ordenadas y repetibles de cómo se hacen las cosas.

  • Personas con responsabilidades definidas, capaces de ejecutar sin depender de ti.

  • Sistemas de trabajo que sostienen todo lo anterior en el día a día: flujos de trabajo, herramientas, frecuencia de revisiones y rutinas estables.


Organizar un negocio que ya funciona no es fácil. Trae resistencias propias y externas.Mi intención con este artículo es mostrar las resistencias que aparecieron en mi camino y cómo elegí aprender de ellas para evolucionar en mi rol dentro de mis negocios.


Cuando decidí darle estructura al negocio, lo hice por dos razones: la visión de franquiciar la marca y mi formación como ingeniera industrial, que me entrenó a pensar naturalmente en procesos.El cómo quería relacionarme con el negocio y cómo quería sentirme en mi rol no fue la razón inicial… eso apareció después y terminó siendo lo más transformador.


Y ahora sí, te comparto mis aprendizajes más significativos en este camino:



 Delegar por tareas y no por responsabilidades



Este aprendizaje fue clave porque ahí entendí por qué no lograba liberarme espacio mental, aunque tenía equipo.


La primera vez que delegué la coordinación operativa lo hice por tareas, no por responsabilidades. El resultado: seguía sintiendo que tenía que pensar en absolutamente todo. La persona venía a mí con cada problema esperando que yo diera la solución.

Y yo, agotada, creía que el problema era su falta de proactividad.


Pero cuando empecé a madurar mi rol y elevar mi mentalidad estratégica, entendí algo incómodo: yo no había definido responsabilidades completas para que esa persona cerrara ciclos en vez de ejecutar tareas sueltas.


Ese cambio lo transformó todo. Delegar dejó de ser “pasar cosas” y se convirtió en crear claridad para que el negocio no dependiera únicamente de mi cabeza.



 Los límites como marco que cuida mi relación conmigo y con mi equipo



Los límites… jeje. La falta de claridad sobre qué eran realmente me pasó factura.

Cuando asigné roles de entrenamiento y supervisión, todavía no tenía una mirada estratégica consciente. Pensaba que los límites eran “para los demás”, como normas que otros debían seguir. No veía que los límites empiezan conmigo.


Eso me llevó a poner límites donde no iban, a no colocarlos donde sí era necesario y a esperar que ciertas conductas surgieran solas del otro lado.Sin darme cuenta, estaba poniendo mi bienestar como responsabilidad de otros


Hoy veo los límites distinto: un límite es algo que YO hago para cuidar mi claridad, mi energía y mi integridad. Es mi comportamiento el que define mi experiencia.


Ese cambio reorganizó la energía de mis relaciones internas y externas.



 El desorden como señal de una necesidad no atendida



Este aprendizaje me enseñó a mirarme de frente.


Cuando estamos desordenadas, sin foco y modo urgencia constante, eso no es simple “falta de disciplina”:es una necesidad interna no cubierta.


En mi caso, esa necesidad era claridad, orden y dirección.Aunque comencé a estructurar el negocio por la visión de franquiciar y por mi formación, con el tiempo entendí que la estructura no era solo operativa:era el vehículo para sentir paz.


Creo que la necesidad profunda es el orden interno, y la estructura es la herramienta que lo sostiene en el negocio.



Sostener procesos requiere sostener la incomodidad



Establecer procesos cuando el negocio ya funciona es incómodo.No solo porque introduces nuevas formas de trabajar, sino porque confrontas la inercia del equipo… y la tuya propia.


A mí me tomó tiempo. Tuve la ventaja de estar acompañada por una consultora interna que fue clave en los momentos donde la incomodidad parecía interminable.


Porque aunque tú comuniques el “qué” y el “cómo”, la que sostiene el “para qué” eres tú. Y ahí aparecen resistencias externas e internas: “¿Será que esto sí es necesario?”

Hoy veo que cada proceso que logré sostener me hizo ganar: claridad, autonomía del equipo y energía liberada para lo estratégico.


 Encontrar un balance entre estructura y flexibilidad


Estructurar un negocio puede sentirse rígido si no eliges conscientemente cómo quieres relacionarte con la estructura.


Al inicio, yo vivía en contracción. Sentía que la estructura me apretaba, pero no era la estructura: era mi relación rígida con ella.


Con el tiempo, y a medida que trabajé en mí y en para qué quiero este negocio, entendí que la estructura no era un límite: era un vehículo de paz, para mí y para mi equipo.


Hoy sé que tener principios claros, responsabilidades definidas y procesos estables no me quita libertad: me la da. Reduce desgaste, elimina confusión y limpia la energía para que cada uno sepa qué le toca hacer sin que yo cargue con todo.


Espero que estos aprendizajes te sumen en tu camino. Todas atravesamos retos cuando decidimos darle estructura a nuestros negocios, y nada de esto es lineal ni perfecto. Lo importante es elegir mirarte, hacerte cargo y avanzar con intención. Si algo de lo que compartí hoy te resonó, ya ganaste claridad para tu propio proceso.


 
 
 

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