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Cómo empezar a ver tu negocio como un sistema

(y dejar de ser tú el sistema)


Si leíste mi artículo anterior ya te diste cuenta que el problema no eras tú, aquí es donde comenzamos a hacernos mejores preguntas...


Ya no es: ¿Qué estoy haciendo mal?


Empieza a ser: ¿Desde dónde estoy mirando mi negocio?


Porque no se puede elevar la mirada  del  negocio mientras sigues viviéndolo desde el mismo lugar : urgencia, reacción constante y  sensación de que todo depende de ti.


Este artículo no es para convencerte de nada, al contrario parte de que ya entendiste algo clave: no eres el negocio.


Ahora la pregunta es, ¿cómo empezar a mirarlo distinto?


A continuación te comparto algunos puntos concretos para empezar a ver tu negocio como un sistema y dejar de ser tú quien sostiene todo.


1. Anticipar decisiones clave

Tener definidas con anticipación las decisiones que hoy tomas en el momento, para que el negocio no dependa de tu energía diaria.


Por ejemplo, definir qué objetivo cumple tu comunicación y en qué enfocarte, en lugar de decidir cada semana qué hacer según la urgencia.


Anticipar no es planificar todo. Es dejar de vivir decidiendo en tiempo real lo que se repite una y otra vez.


2. Identificar qué parte del negocio está moviendo (o frenando) los resultados


Dejar de vivir los resultados como un todo personal y empezar a ubicar qué parte del negocio está impactando realmente, para no cargar con todo.


Por ejemplo, cuando las ventas no son como esperas, dejar de pensar “mi negocio no funciona” y empezar a mirar si el problema está en la comunicación, en la oferta o en una decisión que se viene postergando.


Esto no es analizar más. Es dejar de decir “todo” y empezar a decir “esto”.


3. Usar los resultados como información, no como juicio personal

Aprender a leer lo que pasa en el negocio como datos para decidir, y no como una conclusión sobre tu capacidad.


Por ejemplo, cuando a fin de mes no ves dinero disponible y asumes que no estás siendo rentable, sin mirar cómo se movió el dinero durante el mes ni cómo se utilizó el flujo de caja.


Los resultados no hablan de quién eres. Hablan de cómo está funcionando el negocio.


4. Diferenciar tu rol de todo lo que hoy haces por costumbre


Entender qué te corresponde sostener por rol y qué sigues cargando simplemente porque no hay otra forma definida.


Por ejemplo, creer que estructurar el negocio significa contratar gente, gastar más dinero y quedarte “mirando desde afuera”, cuando en realidad se trata de dejar de hacerlo todo y empezar a ocupar tu lugar como dueña que decide, prioriza y da dirección.


Estructura no es desaparecer. Es cambiar de lugar.


5. Tener procesos de trabajo claros para no sostener todo tú


Definir formas claras y repetibles de trabajar para que el negocio no dependa de que tú estés pensando y resolviendo todo el tiempo.


Por ejemplo, definir cómo se controla y se mide el inventario, para tener claridad sobre una variable clave que impacta directamente en los resultados del negocio.


Un negocio empieza a ser sistema cuando deja de vivir en tu cabeza.


Para cerrar


Este cambio no ocurre de un día para otro. Y no ocurre solo por entenderlo.

El alivio no empieza cuando todo está ordenado. Empieza cuando dejas de pasar el negocio por tu identidad.


Cuando puedes mirarlo como lo que es: una creación tuya, que necesita dirección y no sacrificio.


Desde ahí, el negocio deja de sostenerse sobre ti. Y empieza, poco a poco, a sostenerse como sistema.


Este es el tipo de mirada que trabajo con mujeres dueñas de negocio que necesitan dejar de sostener todo con su energía y empezar a construir estructura y dirección.


 
 
 

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